Aunque fue en la última década del siglo XX cuando el cine inició su proceso imparable hacia lo digital es en el siglo XXI cuando se perfila, que en los próximos 20 años el cine sea totalmente digital.
Tron (1982), fue la primera película con efectos digitales, después siguieron las grandes superproducciones que hicieron uso extensivo de la tecnología digital, como Star Wars o Matrix, y Pixar, que la utilizó totalmente en alguna de sus producciones. Hoy se trabaja e investiga sobre dicha tecnología, en el intento de que en unos años todas las salas de exhibición dispongan de proyectores digitales (los proyectores digitales capaces de una resolución de 2048 píxeles horizontales comenzaron a desarrollarse en 2005 y su avance es cada vez más acelerado), y se pueda filmar en digital con las mismas calidades en todos los aspectos que en el cine analógico.
Directores como George Lucas, James Cameron, Robert Rodríguez, David Fincher, David Lynch o Lars von Trier, utilizan ya los sistemas de alta definición mientras otros directores, Steven Spielberg, Martin Scorsese, Quentin Tarantino, Tim Burton, Ridley Scott u Oliver Stone, siguen prefiriendo el soporte analógico, pues el debate se encuentra aún entre las dos modalidades: cine digital o celuloide. Para unos, los detractores, el cine digital supone otra clase de experiencia visual totalmente distinta al cine grabado químicamente y proyectado mecánicamente. Muchos directores, aún contarios o reticentes al cine digital, ruedan sus últimas películas con cámaras digitales, puesto que no pueden asumir los costes del analógico, y más tarde las pasan al celuloide. He hablado con algunos montadores, expertos en la moviola, que afirman que el celuloide da una calidad y una vida a lo filmado que el cine digital está lejos de lograr.
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